El informe
Forensis, de Medicina Legal, que cada año recoge las cifras de los distintos
tipos de violencia que se registran en el país, plantea que en lo que tiene que
ver con las mujeres asesinadas, “tradicionalmente se da en el contexto de la
violencia intrafamiliar y los principales presuntos agresores sus parejas o
exparejas”.
Sin
embargo, hay zonas en el país en las que esta tesis no es del todo cierta, dice
el informe, sobre todo por los asesinatos de mujeres que se registraron “en el
sur del país, Cauca, Caquetá y Putumayo, y en Nariño”, regiones en la que en
estos hechos también tiene que ver algún grado de liderazgo en sus comunidades.
Al
respecto, el doctor en Sociología de la Universidad del Rosario, Carlos Charry,
asegura que estos indicadores de violencia de género representan que el país
aún mantiene un modelo patriarcal, en el cual “infortunadamente muchos hombres
siguen viendo a la mujer como inferior, y esa supuesta superioridad patriarcal
es la que los hace considera que las mujeres no merecen respeto, incluso
llegando a verlas como que sus vidas no valieran”.
Este
indicador es mucho más preocupante, pues solo en 3 de los 32 departamentos del
país no se registraron homicidios: Amazonas, Guainía y Vaupés. En lo que tiene
que ver con feminicidios, en 2018 hubo 341 casos; 38 contra menores de edad.
En
Antioquia, por ejemplo, hubo 36 feminicidios, siendo Medellín el que más
registró, con 13 casos; seguido de Caldas (5), Bello (3) e Itagüí (2).
En los
municipios de Cáceres, Caucasia, Copacabana, Peque, San Luis Segovia, entre
otros, hubo de a un caso.
¿Qué se
debe hacer?
Ante esto,
Charry asegura que se debe hacer un esfuerzo por “visibilizar las causas de esa
violencia, la cual, paradójicamente, se reproduce mayoritariamente en contextos
cercanos a las víctimas”, tal cual lo plantea el Forensis. No obstante, señala
que una posibilidad que se podría establecer es endurecer las penas, pero,
sobre todo, identificar y divulgar rutas de alerta para prevenir estos tipos de
violencia.
El
Forensis menciona que la tendencia de asesinatos de mujeres líderes busca
establecer límites de los que una mujer debe hacer o no, sobre todo “en estas
guerras de hombres, una mujer visible, que fortalezca comunidades, que reclame
derechos, que cuide territorios, no tiene lugar” y por eso las matan.
Una idea
similar tiene Ana María Tribín, quien estuvo al frente de la Alta Consejería
para la Mujer en los primeros ocho meses del gobierno Duque, al indicar,
citando a la antropóloga e investigadora Kimberly Susan Theidon, que tras la
terminación de un conflicto, como sucede en el país, “se exacerba la violencia
intrafamiliar y es lo que tenemos”.
Tribín
también sostiene que la educación y el cierre de brechas hace que la violencia
no pulule, al dar el ejemplo de que “el feminicido es menor donde no hay
brechas educativas, pero mayor donde hay más participación de las mujeres”.